
ACT parte de que el sufrimiento humano forma parte de la vida. El sufrimiento es algo inherente a la condición humana. Al mismo tiempo, ACT considera que el contexto actual (los medios de comunicación, la publicidad, las prácticas educativas…) ha desnaturalizado el malestar, es decir, transmite la idea de que sentirse mal no es natural. Los mensajes predominantes de nuestra cultura transmiten que el malestar, la tristeza, la ansiedad, los pensamientos recurrentes y negativos, son problemas a solucionar. Y, por tanto, se nos enseñan muchos modos para tratar de evitarlos, controlarlos y eludirlos, mediante fármacos, diversas terapias.... Sin embargo, centrar la vida en eliminar o evitar el malestar, los pensamientos y recuerdos molestos suele producir un efecto contraproducente. Con frecuencia, los intentos por eliminar o evitar los pensamientos, las sensaciones desagradables y los recuerdos que generan un efecto “boomerang”.
Lo que ocurre en muchos casos es que paradójicamente, lo que no se quiere, se hace más presente y se extiende a nuevas áreas de la vida personal. Cuando se asume que para vivir es necesario luchar para eliminar de forma inmediata del malestar, se extiende el malestar y al mismo tiempo se provoca un alejamiento de aquello que, en el fondo, es importante para cada uno de nosotros. De este modo, la vida queda reducida a una lucha constante contra el malestar, contra la tristeza, contra los miedos, contra las sensaciones y recuerdos dolorosos, etcétera; y deja de ser una vida dirigida a vivir y a trabajar por las cosas que más se desean y añoran.
ACT entiende que el crecimiento personal implica aprender a actuar y perseverar para conseguir objetivos vitales y relevantes para uno mismo, aceptando el malestar que forme parte de dicha actividad. Dicho de otro modo, ACT nos ayuda a asumir la responsabilidad en nuestras elecciones personales aceptando plenamente lo que conlleven. En este sentido, ACT es una terapia que concede un lugar central a los valores, a las cosas que más profundamente importan a las personas, a las metas elegidas libre y responsablemente por cada cual. Retomar el camino de lo que más nos importa nos ayudará a recuperar una vida llena de sentido y a hacerle hueco al malestar que acompaña cada paso.